Porqué faltan chips, y seguirán faltando
Las corporaciones y los consumidores de todo el mundo utilizan semiconductores (conocidos como “chips”) en millones de dispositivos, incluyendo computadoras, electrónica de automóviles, teléfonos inteligentes, tablets, equipos de internet doméstica, equipos médicos, electrodomésticos, videojuegos y más.

Desde un modesto reloj de pared a un automóvil Tesla, todo tiene dentro de 1 a 500 chips, y a veces más. Estos chips son cruciales porque están en el corazón de la economía enfocada en la tecnología y su producción es compleja, tanto o más que la cadena de comercialización.
Hay tres tipos diferentes de empresas en este sector clave. Los primeros son los diseñadores como Nvidia (NVDA) o AMD. Este es un espacio competitivo con bajos requisitos de capital y grandes márgenes. Las segundas son las empresas que fabrican los equipos que fabrican los microchips, como Applied Materials (AMAT) o Lam Research (LRCX).
Luego viene el factor más importante y clave: la producción real de los chips. Algunas empresas poseen sus fábricas y chips de marca con su propio nombre de empresa –como por ejemplo Intel (INTC)– mientras que otras crean chips personalizados para sus clientes. Dentro de este último grupo están las empresas más grandes y exitosas, de las que probablemente el público común ni siquiera haya oído hablar, como Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSM), que domina la producción de los chips de mayor rendimiento crítico para la tecnología avanzada, con una cuota de mercado mundial del 56%, seguida de cerca por Samsung Electronics.
El ciclo “chip crunch”
Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. (TSM) es una de las fábricas de semiconductores independientes más grandes del mundo, que sólo fabrica circuitos integrados y no tiene ninguna capacidad de diseño interno. Para ponerlo de manera simple, TSM está especializada en la fabricación de chips para otras empresas, basados en los diseños que les encargan, y para ello utiliza las máquinas que fabrican los proveedores de esos equipos.
Es así que muchas empresas de semiconductores subcontratan la fabricación de sus componentes a Taiwan Semiconductor, por ejemplo, Advanced Micro Devices (AMD), NVIDIA (NVDA) y Apple (AAPL). Todas dependen de TSM para producir sus chips más pequeños y potentes.
La actual falta de chips que ocupa los titulares de las noticias en los últimos meses no es nueva, ya que los desequilibrios entre la oferta y la demanda se producen de forma cíclica, una o dos veces por década. En el ambiente se conocen como “chip crunch”. Tras momentos de escasez, las empresas se enfrascan en la inversión para aumentar la producción y eventualmente, dentro de unos años, puede haber un exceso de chips en el mercado.
Esta vez la situación se ha visto exacerbada por la necesidad poco previsible de chips en muchos electrodomésticos, e industrias como la automotriz se han visto bastante afectadas esta vez. Muchos fabricantes de automóviles se vieron obligados a detener temporalmente la producción en algunas fábricas debido a la falta de chips.

¿Por qué ahora?
La crisis actual, si bien no es nueva, es la más seria. La pandemia parece haber acelerado el cambio al trabajo a distancia y, con esto, la demanda de electrónica. Más personas se han enfrentado a la situación, o teniendo que mejorar su red de internet doméstica, teniendo que comprar computadoras, routers, módems y obligados a actualizar sus teléfonos inteligentes para realizar mejor al trabajo desde casa o el aprendizaje a distancia y compartir conexiones con la familia.
Al mismo tiempo, el hecho de estar encerradas en casa hizo que algunas personas invirtieran en sus hogares, haciendo reparaciones y renovando o comprando electrodomésticos nuevos, algunos de los cuales también requieren chips.

Algunas fábricas de producción de chips, ya al límite de su potencial de producción, se vieron afectadas por situaciones climáticas, en una tormenta perfecta que afectó al sector, como el invierno intenso en Texas (que cortó la electricidad y por lo tanto detuvo la producción de fábricas), y cambios climáticos con gigantescos monzones en Taiwán que interrumpieron el suministro a algunas de las plantas más grandes.
Tampoco es ajeno al fenómeno el factor político: las tensiones entre EEUU y China exacerbaron este problema y se sospecha que los gigantes de China están acaparando chips. Huawei -una de las que estuvo en la mira de Trump y de la actual gestión estadounidense, enfrenta un cepo a los chips y tuvo que buscarse otros proveedores y diseñadores, en un proceso que puede llevar hasta 2 años.

Fabriquen más
Es el reclamo de un sector del periodismo, haciéndose eco de "la gente" con poco o ningún conocimiento del tema. Para empezar, lleva más tiempo diseñar y fabricar un chip que el producto que lo utiliza, sea una licuadora o un automóvil de altísima gama. De acuerdo con la agencia Bloomberg, se necesitan:
–De 2-3 meses para producir un chip;
–1 semana para construir un automóvil;
–De 2 a 3 horas para fabricar un teléfono.
Intel (INTC) está invirtiendo este año en ampliar la capacidad productiva con una nueva fábrica en Arizona, pero como mencionó el CEO de Intel, Pat Gelsinger, esto puede tardar de un año y medio a dos. TSM también trabaja en nuevas instalaciones de fabricación en EEUU y no en Taiwán, presionada por el gobierno estadounidense para tratar de conjurar el monopolio eventual que China está a punto de conseguir.
Los números para producir en EEUU sólo cierran en el actual contexto de escasez. Pero en cuando la producción se recupere, los miles de millones invertidos en ese país pueden esfumarse, por los costos de la masiva producción asiática junto con miles de puestos de trabajo y su secuela bursátil, un desastre económico por donde se lo mire. Así que nadie está muy apurado por cubrir el faltante mundial de chips. Por ahora, la ecuación favorece a un mercado con faltantes, hasta que el “chip crunch” termine y vuelva la sobreproducción.










